jueves, 28 de julio de 2011

Alza la mano si lo estás gozando


-No estoy para nadie, Erica.
-Ni siquiera para...? -dejó la pregunta en el aire, parecía que a él tampoco se lo podía nombrar en vano-.
-Sobre todo.

Apagó su celular, desconectó el teléfono, y se dedico a pasear nerviosamente por su oficina. Recorrió una y otra vez con la mirada el espectáculo que se veía en la calle, los móviles de la tele, la gente expexctante en las escalinatas, los rayos y truenos que se empecinaban en darle a la noche un carácter épico que ya de por sí tenía.

Luego, por décima vez en lo que iba de la jornada, repasó una a una las fotos que adornaban el mármol de la chimenea en desuso, pero que le había fascinado desde la primera vez que entró al despacho, como asesor de su jefe político y segundo padre. Ese mismo que aparecía en la única foto familiar, sentado casi en el medio del sillón de la galería de su estancia; a su lado, claro, estaba Francisco. ¿Era necesario que su madre le hiciera venir desde Canadá, dejar toda la compañía sin CEO, sólo porque cada vez aparecía más en los diarios (y no precisamente de la mejor manera) y a ella no le había gustado "el color que tenía; vos sabés que a tu padre no lo llevás al médico ni aunque ese médico sea tu hermano"? Dicho sea de paso, a Ignacio (su otro hijo, y el médico en cuestión, claro está), también lo mandó a llamarlo. Ninguno de los dos quería demasiado la charla, pero ambos sabrían de lo imposible de evitarlo, y de lo ciertamente difícil que sería sobrellevar la explicación a la señora.

La única que parecía inmune era Laura, la más chica, la menos conocida de todos; la que, gracias a su parecido, fue la única que le cantó las cuarenta antes (cuando le quisieron elegir la carrera, y logró no ser arquitecta sino ingeniera agrónoma), luego (en el divorcio) y ahora, cuando, en sintonía con todo su pueblo, veía con muy malos ojos su inminente accionar.

Porque, claro, naide estaba en sus zapatos. Ninguno de todos los que se manifestaron a viva voz en las radios, en los diarios locales, los anónimos que pusieron pasacalles (y que ni siquiera era necesario descifrar; si bien todos sabían, nadie a esta altura de su carrera lo seguía llamando Calabacín excepto...) entendían que era estrictamente necesario, hacer lo que se estaba por hacer. Era imprescindible cambiar ciertas estructuras arraigadas en lo más profundo, en virtud de un nuevo paradigma, que los siempre preclaros y patriotas dirigentes -entre los cuales se encontraba-, le ofrendaban a una masa de incultos y egoístas, para que lo entendieran, asimilaran y compraran. Aunque también, viniendo de donde venía y conociendo profundamente la realidad de esos insurrectos, a él mismo le costaba asumir como propia esa clarividencia fundada en la teoría.

Miró cada portarretrato con fruición de asesino serial, y en cada uno encontró una respuesta exactamente igual y opuesta; en su acto de Colación de Grado, vio los ojos de enamorada de su actual exmujer, la cara de "ojalá tu padre te hubiera visto" de su mamá, la satisfacción de su Jefe. El día que asumió como intendente, vio en su rostro una mirada que sabía, se había gastado hace tiempo. Y en la obligada foto con él...nada. Por cierto...

-Llamó seis veces. Pregunta qué pasa.

Erica era joven (para él), linda (para cualquiera), inteligente (demasiado para ser secretaria). Tal vez, la vida lo había premiado antes de castigarlo con esta situación límite, y de inmediato supo que de aquí en adelante, perdería a Erica, a la chimenea, al bulín en Marcelo T y Junín, al brillo que quiso recobrar, a la mirada de su madre, y la posibilidad remota de volver a su hogar de siempre, sino como un héroe, como un digno hijo. Pero ya era tarde.

Y bajó al recinto.


martes, 26 de julio de 2011

eighteen forever

Ella lo escucha hablar; él cree estarle revelando la verdad absoluta acerca de la universidad, de las nuevas materias que está cursando, de lo difícil que es cambiar de aire; también le cuenta lo politizado que está todo allá. Incluso, se anima, cree que de los cuatro pibes de acá que se fueron a vivir allá, a tres seguro los ve abandonando en diciembre o antes. Sólo él y su compañero de departamento, también de acá y amigos desde chiquitos, quedarán el año que viene. Pero ni de lo que dice, ni de lo que le quiere decir, ni de la vestimenta muy modernosa, se percata ella. Sólo quiere escucharlo.Y lo mira. Y lo deja hablar...

Los cuatro pasan una y otra vez por esta cuadra; miran hacia la rambla, donde ellas tres miran con cara divertida y una saluda al que se cuelga de la ventanilla de atrás.Insisten con la vuelta del perro, mostrando la clara intención de elegir la presa. Como si realmente creyeran que tienen algún poder de decisión. Ellas tres, sobre todo la que saludó, ya tienen todo cocinado, es cuestión de dejarles creer que están conquistándolas. Claro está, ellas son más chicas; pero ya lo saben...

Un nutrido grupo se desliza por las veredas nuevas en las cuatro ruedas de su skate; parece mentira que hace 20 años todos querían ser parte de esa logia, hace 10 años las tablas alimentaban los primeros fuegos de las casas de solteros de varios amigos, y hoy, vuelven a resurgir los pantalones gigantes, los buzos billabong y la gorrita para atrás. Llegan las dos (la rubia con gafas de sol dignas de mejor hora, la guitarra al hombro y piernas larguísimas, la morocha con un termo y una bolsa de churros) y lo que antes eran sólo preliminares, ahora son volteretas frenéticas, cruces supersónicos a la Costanera y reiterados intentos infructuosos de surfear el banco donde hasta hace quince minutos estaban todos tomando una cindor...

Justo en el preciso instante en que un policía evidentemente recién graduado se afirma en el cuatriciclo y pela el celular con el que sacará la foto que se transformará en evidencia con la cual el gobierno de la provincia pretenderá recaudar trescientos cincuenta o setecientos mangos, aparece la parejita que lo dejó estacionado en paralelo al mar en un sector destinado a poner los coches a 45°, pidiéndole piedad y clemencia, porque el corsa no es mío, es de mi viejo, se lo saqué
después de rogarle diez días, no me hagas esto, si no hay nadie, borrá la foto qué te cuesta, si tuviera guita te la doy, pero en serio que estoy justo, sí, no, no, cómo que te quiero sobornar, no me entendés...sí, no, no hay forma de arreglarlo? No me arruines las vacaciones, sí, ya sé que lo dejé mal, te juro que nunca más...

Para mí es casi miércoles, para ellos, recién martes.

miércoles, 6 de abril de 2011

Sigue girando

Como un pony de carrusel salgo,
Volviendo a la madrugada,
Negociando la resaca de tu algo,
Mientras digo “todo o nada”.

Qué te tiene que pasar,
Con cuántas puertas giratorias te vas a pelear,
Antes de entender que no busco verte morir por mí,
Y que veas que sólo es la cruzada que yo elegí;
Surcar desiertos a pie,
Sólo para que pagues el peaje con cambio de diez,
Sabiendo que esta autopista no te deja por acá,
Y que vos creés que es una mano que te tiende un boy scout.

Asumir la decepción
Que mi olimpo y tu derpa tengan la misma dirección
Y que la Franja de Gaza me transmita cierta paz
Cuando siento que entre las bombas de humo te esfumás.
Y cuento hasta cinco mil,
Para que salgas corriendo con tu cara de marfil
De tu tapera de ruidos y libres sólo por vos
Sonriendo en la ventolera, partiendo la niebla en dos.

Como un pony de carrusel salgo,
Volviendo a la madrugada,
Negociando la resaca de tu algo,
Mientras digo “todo o nada”.

Y hasta parece un ritual
Que juegues un mal partido y lo quieras empatar,
Tapando el sol con los dedos vos sólo lo ves más gris,
Danzando bajo la lluvia tu techista está feliz.
Y que se te grabe bien,
No te puede dar seis nietos aquél que nació recién;
Se subió a tu motoneta y no se sabe bajar,
No te disfraces de gato si vas a vivir con Alf.

Si ayer mi preocupación
Fue cancelar adjetivos y que rime esta canción,
Hoy cansado y dando tumbos ya no alquilo ese disfraz
De Sabina Para Todos, hoy soy esto que ignorás.
Pero hoy va a ser así,
Y mañana y hasta dos mil ciento diez va a ser así,
Y no te entra ni una bala en tu Ford caparazón,
Sin destino pero al frente, encarás el paredón.

Como un pony de carrusel salgo,
Volviendo a la madrugada,
Negociando la resaca de tu algo,
Mientras digo “todo o nada”.

Sos mi faro en altamar,
o sólo una lamparita que se está a punto de quemar,
titilando en braile un tango que hace poco descubrí:
“primero hay que saber sufrir, después amar, después partir”?
Estrujándome la sien,
Porque no entendí qué hice para que me quieras bien,
¿a cuánto nene con tríceps vas a tratar como a un can,
Hasta que te orinen todo, de la alfombra hasta el placard?

Saber que la solución
Es que mando a mis matones o comprás mi protección,
Me deja muy mal parado para el Nobel de la Paz,
Pero me importa tres huevos, déjenme una guerra más!
O me vendo a precio vil,
Y paro en todos los pueblos, desde Corsario hasta Gil,
Antes que nada me quedo con las chirolas de vos,
Me las juego, gloria o cárcel, la ganancia es para dos.

Como un pony de carrusel salgo,
Volviendo a la madrugada,
Negociando la resaca de tu algo,
Mientras digo “todo o nada”.

domingo, 27 de marzo de 2011

Hoy es hoy, ayer fue hoy ayer.

Por las miles de noches que terminaban un poco más tarde pero no mucho.
Por recibir antes de dar.
Por las eternas distracciones que eran risa o bronca conforme subía o bajaba la marea.
Por los celos de un galán que existían solo en sueños.
Por encontrar las cartas, y por escribirlas también.
Por salir del pozo sin querer, por querer quedarte.
Por los sueños que no se comparten.
Por no dejar de sorprender, tanto que ya no es sorpresa que sorprendas.
Por correr y no caminar, por no llegar nunca.
Por ese champagne que no se volverá a beber.

Salud.

sábado, 26 de marzo de 2011

Como en casa



Así que hacia allá se dirigieron.


La casa estaba bien, tal vez muy grande para él, pero estaba claro que era absolutamente irracional en ese momento, él quería volver a esa casa donde escuchó algunas canciones por primera vez; a ese hogar roto donde, también por vez primera, se había enterado que las mujeres podían ser (y eran) tan infieles como los hombres, y que las madres que se quedan en casa no siempre se quedan cuidando solas el lecho conyugal; a esa forma distinta de organización en donde las hermanas mayores tenían miles de amigos, conocidos por él ya que "acá nos conocemos todos", y donde esas reuniones marcaban la onda del pueblo, el ritmo al que debías caminar (correr) si querías ser tenido en cuenta más que como elemento decorativo; a ese living grande en desnivel con el equipo de música y el sillón para leer al lado de la ventanita y con la lámpara de pie invitando a conocer mundos nuevos; a esas piezas ultra secretas que contenían cada individualidad de una manera desconocida para él, y a la que no sabía si se atrevería a reclamar para sí en su casa a los 13 años.


A mitad de camino y con la otra casa señada, descubrió el cartel y le pidió al dueño de la inmobiliaria ver ese antiguo paraíso de las libertades y los descubrimientos que hoy, a veinte años, le seguía despertando recuerdos de su inocencia perdida, de su candidez pueblerina ante gente que ya había pasado el umbral de la mano de tutores que conocían los embates de las hormonas, y ahora los disfrutaban.


Él quiso ver la casa de ella, y le resultó perfectamente lógico y posible en su mente lograr vivir allí.


Lo de lógico lo podríamos discutir, si estuviera en vuestro ánimo; posible no sería, ni lo iba a ser.


-Noventa mil-, fue la lacónica aseveración del agente, que no tenía por qué entender los sentimientos de su cliente, que por otro lado nada le dijo.



Se habìa roto tanto el traste para conseguir casi la mitad, que ni todas las ilusiones ni todo lo que ella le gustaba en segundo año, ni la ventanita del living donde se imaginò el sillon eames, le impulsaron ni un poquito para volver al banco y estirar el monto.



miércoles, 2 de marzo de 2011

Dime quién me lo robó...


-Ya sé que a usted no, que no tiene nada que ver, pero dígame si sabe a quién se lo puedo preguntar...

La cara de desconcierto, mezclado con mucho fastidio, que mostraba el empleado de detrás del mostrador de la Aduana, dejaba poco lugar para la repregunta, pero el otro insistía en sus movimientos desacompasados y un tanto anacrónicos, y hasta infantiles ("casi como si estuviera haciendo pucheros", arriesgó el único testigo que se animó a contarme la escena).

-No me puede dejar así, a la policía ya fui, no me dieron bolilla. Casi me encierran, además...y qué sé yo por qué? dijeron que los estaba cargando, pero yo realmente no sé a quién recurrir...no, si, a usted tampoco, bueno, ya me quedó claro, pero...¿y una idea? Ah, y por favor, no los llame a los canas de nuevo...no, si, ya sé que usted no los llamó, pero me van a guardar y yo necesito saber...sí, le dije de unos temas que me rob...¿Sadaic? Sabe que no se me había ocurrido? Ahí tiene, ya me ayudó...

Las coincidencias de la tarde hicieron que el motoquero que me contó esto tuviera en su recorrido que ir luego a Sadaic, y allí pudo ahondar un poco más.

-Sí, me robó unos temas. No, no son míos. Bueno, antes eran míos, ahora no puedo ya escucharlos más. Me los robó. Si tiene 2 minutos le explico. Atienda al muchacho si quiere, así sigue viaje. ¿Por ahí? Listo, lo espero acá sentado. Sí, gracias. Le decía, ella me robó los temas. No, no, ya le dije que no son míos. De Ciro, de Serrat, de Drexler, de NTVG, de Buika, de Kevin Johansen
, de Alanis, de Sabina, de Pedro Guerra. No, ese es Juan Luis Guerra, este que yo digo es uno dientón, español, bah, de las Canarias.... No, no, no me robó los CDs, eso entendió el agente también...las canciones me sacó. No puedo escucharlos más porque suena el primer acorde y la veo. Y no, no está bueno. Antes sí, ahora la verdad que no. Y, unos cuantos...algunos más que otros. Hay uno de Ciro, el que cantaba en los Piojos, ese ya es como ponerlo y ver una foto, no sabe. Ese que dice "insistoooooo, aunque el tiempo diga nooooo!",
bueno, ése directamente lo paso de largo. Y así hay una bocha...Uh, así que no puede hacer nada...bueno, gracias igual, por lo menos no me tomó por loco o no me sacó corriendo..sí, hubo uno en el Parque Rivadavia, que me acusó de querer robarle un libro, cuando yo lo único que quería, era saber si la novela que iba a comprar no tenía una historia similiar a la mía. Porque la otra vez releí uno de García Márquez y le juro que era leerme a mí. La cosa es que creyó que lo estaba cachando y me chumbó como un perro...

Era viernes, fin de mes, no pasaba mucho en el centro, y el empleado de Sadaic, evidentemente, no tenía cosa mejor que escuchar semejante desangelado. Y como el motoquero tampoco, siguió mnirándolo cada tanto de reojo, y tratando de captar cada disparate que saliese de esa boca incontenible y alquilada a tremendo cascoteado.

-Peor me fue cuando dije que me robó la Trastienda, que nunca estuve mejor que en ese palco. Ahí tuve que explicarle al oficial, que me llevó con el dueño. Que no me robaron un palco; que yo no me robé un palco; que la Trastienda no era mi casa, sino que me sentí en mi lugar en el mundo cuando vimos la murga; a la final el dueño me miraba con cara de traste y el cana me quería llevar porque mientras discutíamos afanaron un banco ahí a la vuelta. Y bue, yo no lo mandé a buscar al dueño, yo sólo quería saber a quién le reclamaba perder ese privilegio. Pero se ve que en voz alta uno no se puede preguntar esas cosas...



Ya a estas alturas, decidió apagar el Nextel y seguir escuchando.

-Y el quilombo que se armó el otro día cuando me hice socio del club! Síiii, un bardo, porque en la cola se me salió como un pensamiento (pero se ve que lo dije, nomás), "¡pensar que hasta hinché en contra cuando jugaron la semi en Bernal!¿Cómo digo que soy hincha si por vos me di vuelta?" Y justo me escucha el pibe que anota las fichas y le dice al presidente!!! Sí, zafé porque con la campaña, "el club te necesita" y todo eso, mentira, necesitan guita, entocnes todos miramos para otro lado. Pero hasta mi incondicionalidad me quitó...Y eso tampoco lo puedo denunciar, ni decir, como ve. Discúlpeme si lo retengo, si está ocupado me avisa...

Vio cómo el empleado le puso cara de "no, faltaba más", casi invitándolo a seguir.

-y sabe dónde me fue peor? En el registro civil. Ahí sí no me matan porque el Ruso se acordó de que una vez tomamos unos drinks con amigos en común, le hablé de una tía mía que él conocía y me preguntó qué me había metido, que un tipo presumiblemente normal no viene a reclamar al registro civil dónde habían quedado los años que perdió buscándola, acompañándola, apoyándola en silencio o en las sombras, o bien exponiéndose al escarnio y/o indiferencia (el gesto de "abro comillas" y "cierro comillas" que hacía, irritaba un poco al empleado pero éste se contuvo y lo dejó seguir), no se pueden reclamar, decía, todos esos períodos de tiempo, que lo mejor era ir para adelante, que el tiempo nos enseña cosas, que se le llenaba de gente el mostardor y que no sea boludo al menos de acá en más.

Sí, el Ruso te salva o te hunde, recordó el motoquero.

-Y acá me ve, no quiero la plata ni de los helados, ni de los regalos, ni me interesa que los usufructúe otro. Y, varias cosas. No, nada. Pero no lo hacía por eso, imagínese. Y lo más loco de todo fue el viaje que salió en una charla. Sí, una cosa rarísima. Que me gasto toda la guita ahorrada y me voy de viaje y se van todos a la mierda. Y claro, "avisá", le tiro. Y yendo y viniendo, en la charla, ya estábamos en París. Entonces, en la Aduana, quise que alguiien me dijera cómo hago para denunciar el olor de las baguettes recién horneadas que íbamos a comer a la orilla del Sena, o las fotos de postal que le iba a sacar en Brujas y en Praga, o el viento en la cara desde la rambla en Barcelona. Todo eso que no tuve, ni pude nunca tener. Y antes de que llamaran a la policía, me acordé de las canciones, el despachante me dio esta dirección y acá me ve...Bueno, ahora sí me voy, si llega a saber de alguien que me pueda ayudar a recuperar alguna cosita, le dejo mi tarjeta, ¿puede ser? Gracias. Sí, ya sé que no hizo nada, pero quiso. Buen finde, ¿eh?

Y se fue, con cara de Low Batt, y movimientos acordes, mientras el de la mensajería lo miraba.

"Ya está lo tuyo, negro", le gritaron del mostrador.

miércoles, 19 de enero de 2011

Otro café...


Quique sabía la historia completa, pero contada por fragmentos. Pero cuando vio al Pollo lejos de la mesa de siempre, la que ocupaba en veranos e inviernos, mañanas y tardes (tal era su libertad, producto de no laburar nunca), sintió que una parte le faltaba. Así que hacia la fuente encaró, no sin antes tratar de rememorar los datos obtenidos en distintas conversaciones.

Lo primero que recordaba era que le habían comentado en un asado que al Pollo le habían dado la cana. Que Vanina, su pareja desde hacía tiempo, lo había descubierto de la manera menos pensada, pero más común: el estómago resfriado de un vecino. Y no hay peor oficio para un estómago resfriado, que el de portero de un hotel alojamiento. Y si algo puede empeorar esa situación, es que ese telo se ubique en un pueblo. Así fue que una mañana de hace dos meses, el vecino, queriendo hacerse el pícaro, le dijo a Vanina:

-Te vi anoche, eh?
-Dónde me viste? Si yo anoche estuve cuidando a mi vieja, que recién le dieron el alta de la clínica; te acordás que te dije que tuvo un infarto...

Y la cara del indiscreto pasó por todos los colores desde el morado al papel de calcar. Sabía que había iniciado un incendio y sólo tenía un bidón de gas oil para apagarlo. Vanina entendió al toque. El Pollo había visitado las habitaciones del desconchado (poco feliz pero muy descriptivo epíteto) hotel, y no había sido en su grata compañía.

De otro lado, se había enterado Quique de la reacción de Vanina, que no fue la esperable, o sea, ir a matarlo sin escrúpulos. Contó, para cobrarse el favor, con la inestimable ayuda del inefable vecinito, que no pudo con su genio ni con su evidente vocación de joderle la vida a la gente. O al menos, a esta parejita. Decidió que el Pollo mismo fuera quien, inconsciente del peligro que llevaba para su relación, le contara, espoleado por el a esta altura indeseable, al grabador escondido entre las ropas del conserje, cómo, cuándo y con quién había decidido pasar la noche que en un principio (al menos eso le informó a Vanina antes de meterse a duchar) era de poker en el español.

-Sí, la verdad es que las cosas con la Vani no andan bien, y aparte, qué querés que te diga...siempre me gustaron las pendex.

La señorita en cuestión tenía veintidos añitos ("podría ser la hija", pensaron el vecino y Vanina), se llamaba Camila, la conoció en el bar de siempre y ése era el dato que Quique quería corroborar, ya que no confiaba en el ruso, cuando se ponía a chusmear. Después del cuarto whisky, hay pocos contactos entendibles...

Vanina lo encaró con la grabación en la mano, le hizo jurar amor eterno y casorio, lo conminó prácticamente a tener un GPS instalado en al entrepierna, y así le permitió quedarse en el caserón que compartían desde hace dos años.

Sentado en una mesa chiquita de ese café nuevo donde antes estaba el Águila, mirando hacia los baños y de espaldas a la calle, con los ojos tristes de quien ve pasar su libertad sin poder disfrutarla, así lo encontró Quique cuando, luego de tres minutos de dudas y una caminata hasta la otra esquina, se decidió a entrar. La cara del Pollo al reconocerlo denotaba cierta tristeza, a pesar de la manifiesta y sincera alegría que el amigo vio en su sonrisa y el abrazo. Igual que un deportado a Siberia, al recibir una carta de un ser querido, pensó Quique. Y sin más, lo atacó:

-Pollo, ¡¿qué hacés acá?! Solo, además. Los muchachos en el bar preguntan, es más, la gente que no es habitué pero va seguido me había dicho que te vio acá y los traté de boludos, si el pollo vive en la otra esquina, les decía yo...Ahora te veo y no entiendo nada...Mirá que acá, estos te lo cobran el café, ¿eh? No les importa nada, son una franquicia...

-Ya lo sé, Quique, ya lo sé, si estoy pagando. No respetan a nadie acá, je- tiró el Pollo siguiendo la joda, pero su ánimo sombrío no lo dejaba levantar cabeza.
Miguel, que estaba viendo la escena en silencio, dudando si entrar a romper con la pareja y formar una multitud, a los dos minutos lo vio salir casi corriendo con una expresión entre indignada y sorprendida, y lo corrió por San Martín casi hasta el Carrito.

-Quique!!! Eh, Quique!!!- Al ver que frenaba, Miguel aceleró el paso y lo saludó con un beso en la mejilla, que el otro como siempre pero peor que nunca no devolvió. No quiso detenerse en nimiedades y arremetió:

-Te vi hablando con el Pollo, iba a entrar y saliste corriendo. Dije "este boludo lo cargoseó con los K, le dijo que el falcon de Ramón derrapa, y el calentón salió como tiro" y te seguí porque el otro enfermo es intratable.

-¿Sabés lo que me dijo el retardado? Le dije que me había enterado de lo de la moza y que le habían dado la cana en el telo, y que los muchachos lo quieren ver en la mesa, ¿y sabés lo que me contestó el retardado?- daba la impresión de que se había quedado sin insultos, y tal vez así fuera, pero no era inconsciente. Realmente le quería decir eso. Miguel calló, un poco por curiosidad y otro poco por precaución.

-Si te digo vas a pensar que hablo de Jaime, de Fort...o del Ogro Fabbiani. Me dijo: "Quique, no voy más por mi seguridad. Tengo que bajar el nivel de exposición". Eso me dijo. Mirá si será retardado...

Se dieron vuelta al pasar por el café mientras volvían para la plaza. Les pareció ver al Pollo anotando en su celular un número que la moza le dictaba.



viernes, 31 de diciembre de 2010


Haciendo las cuentas, ahora que parece que no queda más por hacer que esperar a que se termine el año, creo que vamos a coincidir en que el fracaso es mucho mejor que la desazón.

Me explico: haber perdido el partido teniendo 3 tipos más y que sobre la hora te tiren un corner y te cabeceen en el área uno de los dos que pusieron para no parecer que se iban sin pelear, es fracaso, sin dudas. Pero entre perder ese partido y no poder ni siquiera jugarlo, porque no tenés ni camisetas para entrar o te faltan profesionales porque los titulares están en huelga, es desazón, y es imposible ganar un partido que no podés ni disputar.






Que se te desarme la familia después de años y años de remarla contra todas las tormentas, porque ya no hay energías para saludarte a la mañana sin recordar la pelea de la noche, es un fracaso; pero no tener siquiera la vivencia de sueños compartidos, o la experiencia de mirarse a los ojos y entenderlo/a, es una desazón.
Que la idea de dejar una fórmula probada para intentar cosas nuevas, te deje con las cuentas en rojo, claramente puede ser un fracaso. Mas no probar esa creación, ese arte nuevo, no exponerse a la posibilidad de que el público sienta lo que vos, cuando escribiste esa letra, cuando clavaste esos acordes y la banda empezó a vivir en una cornisa tan fina como inestable, no animarse a eso, te mete a ocupar ilegalmente un lotecito en el parque de la desazón.

Tener que separarte de quien te pidió que te aferres a su seguridad, mientras por otro lado enderezaba su timón con otra, dejando en el medio un crédito aprobado, un derpa en un lindo barrio, y tu vida rota como un espejo, no puede ser sino un fracaso. No poder ser quien comparta tus proyectos, quien te acompañe a todos los lugares donde vas sola por opción pero no tuya, quien día a día vea cómo dejás de ser un pantano de dudas para ser un río de energía, y quien se encargue de guardar toda esa luz para que no se desparrame en cosas sin sentido; que no se me permita, decía, la chance siquiera de demostrar mi teoría de que ambos queremos lo mismo y eso puede darse si lo intentamos pero no cada uno por su lado, es, si cabe, algo así como el colmo de la desazón.

Hay un lado de este abismo en el que no quiero estar. Brindo por más fracasos.



Tá todo cortáu, hermano, tá todo cortáu, no podé pasá...


-Yo sabía que en algún momento esto iba a pasar- se escuchó decir al detective Strega en medio de los bocinazos, las sirenas, la ambulancia del SAME y los gritos de los peatones que miraban la escena, tan incrédulos como él.

Las charlas entre los miembros de la fuerza que eran destinados a custodiar los permanentes cortes de la 9 de Julio le volvieron a la mente, y recordaba las burlas de sus amigos cuando contaba los últimos itinerarios a los que era derivado, cuando desde el Ministerio bajaba la orden de investigar las raíces de las protestas. "Hoy de 3 a 7 tomamos sol en Belgrano", oyó decir una vez a Cardocito. "Obelissscooooooo!!!", bramaba Barragán cada miércoles. "El Dakar, y la reputa que lo parió", gemía Vilchez, reciente padre de mellizos, y Strega se unía al coro de reidores, satisfecho por zafar de esos cortes que no tenían monjes negros: Greenpeace, el rally, protestas frente a Agua y Energía.

Pero cuando las intenciones no eran, a los ojos de los encargados de la seguridad Nacional, ten claros o inofensivos, ahí entraba en juego y recorría disfrazado las protestas, tratando de dilucidar quién osaba tomar como propio el espacio público y crear un clima todavía peor al caos silvestre de la avenida de escape de esa jungla de asfalto. Se infiltraba en las manifestaciones, recogía datos perdidos, se hacía eco de los reclamos y trataba de hacerse ver para que la policía no reprima (la orden de no recurrir a la fuerza estaba siempre vigente, pero más vale prevenir, o al menos eso pensaba).

Pero, justo era reconocerlo, a Strega cada día se le hacía más difícil realizar su trabajo. Y por dos simples razones de peso: la primera tenía que ver con su condición de mortal. No podía estar en más de un lugar a la vez, y las manifestaciones y cortes proliferaban y eran tan diveras sus causas como disparatadas, sobre todo en diciembre, con lo cual su margen de acción era muy sectorizado, con mucho para cubrir y pocos recursos humanos (él solo).

Y la segunda, tal vez más grave que la primera en lo concerniente a su efectividad como investigador, era que cada vez le concurrencia a los cortes espontáneos (o no) de las calles, era menor, y los argumentos de protesta menos interesantes. Cuando tuvo que disfrazarse de estudiante para entrar en Sociales y firmar, en la época de las escuelas porteñas tomadas, el petitorio para la libertad de los presos políticos en Grecia, fue que formuló la frase que Ortiz (su habitual adláter y maquillador amateur) le escuchó y le recordaba en los casos más insólitos; "va a llegar el día en que un solo tipo te corte la 9 de julio y a nadie le importe".

El calor derretía el betún de las junturas de las baldosas, los carritos de panchos que tenían un mínimo de humanitarismo se negaban a vender con mayonesa -mientras que otros hacían su negocio intoxicando cándidos hambrientos que deambulaban por el microcentro-, y de los capots de los coches salía un humo denso, que contaminaba la vista y embotaba aún más los sentidos (alterados sobremanera por el ya mencionado calorcito, los silbatos de la guardia urbana queriendo reencauzar el maremoto de fichitas motorizadas y los bocinazos implacables); y Strega seguía sin poder creer cómo su profecía se cumplía.

El licenciado Nudelman, impecable pese a la escena dantesca, se secaba mecánicamente el sudor con un carilina, mientras el desesperado piquetero le hablaba, gesticulando en forma estrambótica y repetitiva. Agitaba su mano derecha de adentro hacia afuera, y hacia adentro de nuevo, tratando de graficar que esquivaba algo, y con la izquierda señalaba los autos detenidos que esperaban pasar, resignados y sudorosos como sus conductores, por los carriles aún liberados. Resoplaba, con aspecto de fracaso, mientras el impávido psicólogo le hacía una discreta seña a Strega.
El investigador, más intrigado que acalorado, se dirigió corriendo hacia la silla en donde Nudelman lo esperaba. Bebía una Levité que un solícito rati le alcanzó, inmediatamente después de confiscársela a un vendedor ambulante.

-Strega, el tipo se quiere suicidar- fue la lacónica frase que eligió para saludar al pasmado detective. Éste no salía de su asombro.

-¿Qué tan grave puede ser la causa que defiende, que se quiere inmolar? ¿Pudo ver si tenía alguna bomba, un chaleco? ¿Le dijo algo más?

-Sí, me dijo- la voz de Nudelman sonaba condescendiente y bobalicona, y eso a Strega no le gustó una mierda. -Me dijo que está frustrado, que esta sociedad de mierda no lo deja ni matarse tranquilo, que pensó que lo más efectivo para dejar de vivir era cruzar como un desaforado y que un alienado de los que tenemos a chorros se lo lleve puesto, y de paso hacer tomar conciencia que manejen mejor, y resulta que, como todos los días y por cualquier huevada cortan la 9 de julio, todo el mundo, la policía, el SAME, Aníbal, Clarín, creen que está haciendo un piquete. Entonces, el señor se quiere suicidar pero no le pasa ni un puto bondi por encima. Eso me dijo-.

Se lo notaba más aliviado al psicólogo, después de dar su veredicto. Strega se comía la uña del dedo meñique, y mientras Ortiz lo miraba en silencio, le volvió a decir:

-Yo sabía que en algún momento esto iba a pasar.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Y se descargó, nomás.

Amigos, seguidores, y demases etcéteras, como verán, parece que el carro se pone en movimiento. Una de las personas que me ayudó a que ello pase, es mi amiga la Pelu, quien, además de decirme "me colgué 4 horas leyendo el blog", hace con el tecladito cosas muy interesantes, una de las cuales voy a postear, con su visto bueno. Mirenlon y después me cuentan:

vamos a decir la verdad .



uno se vive quejando de las cosas que le tocan vivir -personalmente, he estado quejándome hace ya largo rato, y la verdad es que estoy un poco cansada -pero cansada de Saber que las cosas en la vida son fáciles (como diría un Buen amigo mío) y que uno las complica simplemente porque acaba de hacer zapping y lo único que encontró fue la repetición del programa de la Canosa; ni un los simpsons, un friends, una narda lepes, un aaaalgo señora! y claro.. qué te queda?

quejarte.

porque es fácil, es rápido de hacer y porque es Gratis -aaa sisi, yo soy la que despotrico contra mil y una "gentess" (si es que se merecen que las llame así) que al fin y al cabo, sólo tratan de vivir su vida -y lástima por esa "gente" que encontró esa manera de hacerlo.. si yo les tuviese un poquititito de compasión les diría y OJO que yo tampoco soy la que hace todo bien eh, pero aaalgo creo saber.

pero vamos a arrancar por otro lado -lo que sé que no sé es lo siguiente:

YO no sé tocar el bajo - no sé cómo programar una computadora -no sé cantar -no sé afinar una viola -no sé ni cambiarles las cuerdas a una viola -no sé pintarme las uñas bien -NO SE UN TEMA ENTERO de los doors (pero tampoco me importa saberlos) -no sé cuando parar -no sé enojarme mucho con los que quiero -no sé dejar de fumar -no sé cuál es el límite si estoy tomando alcohol -no sé decirle a mis hermanos que los quiero (pero los quiero) -no sé decir qué es lo que sinceramente quiero -y ni siquiera sé por qué estoy escribiendo esto.

aaaa, pero algo creo saber - y lo que sé que sé es mucho más lindo todavía..

SÉ que cuando amo a alguien, simplemente LO AMO -sé que muchas veces las cosas en la vida salen de una manera distinta, que no es mala, es lo que no esperábamos.. y ahora, vos que estás leyendo, ponete a pensar en esto.. si no se te hubiese salido la cadena de la bici no te enamorabas del bicicletero; si no te quedabas sin cigarrillos, no lo ibas a ver mientras ibas para el kiosco; si no le decías a tu amiga que sí, que bueno, que salgamos, te ibas a arrepentir porque justo ese día el tipo cayó en el lugar en que vos estabas.. si no hubiesen pasado esas cosas que NO esperábamos, no estaríamos viviendo esto que estamos viviendo.

y entonces Sé que si yo no me hubiese ido de Castlebar muy enojada una noche de fin de año, despotricando a diestra y siniestra contra alguien que (lamentablemente para él) vive por vivir, no hubiese conocido al amor de mi vida - sé que si yo no daba el primer paso no iba a pasar nada (por lo menos ese día, porque anda a escaparte vos del destino, che), y sé que desde hace dos años me convertí en la persona que quiero ser el resto de mi vida - ojo que hay que hacer unos retoques, pero yo diría que este borrador que soy ahora casi casi que está listo para pasarlo en blanco.

sé que por él (mayormente, no se me pongan celosos) conocí muchas personas que quiero muchísimo, y otras que mejor las dejamos ahí en donde están, con la vida vacía que eligen vivir - sé que me enojé tanto cuando me pasó todo que me olvidé de ver la luz, me olvidé de ustedes, me olvidé que me querían ver bien, me olvidé que soy una buena persona (en el fondo si, eh) me olvidé de la razón y el entendimiento.. me olvidé que la gente es gente, carajo! y se equivoca, porque esto es lo que vinimos a hacer a esta vida -venimos a equivocarnos, pero fundamentalmente venimos a aprender.

y qué es lo que aprendí? estarás preguntandote ahora.. aprendí que amar está bien, que entregarse está bien, que confiar está bien, que DAR ESTÁ BIEN - aunque en la cancha, los pingos se peguen la media vuelta y no te demuestren nada, y vos creas que se te quebró el mundo en veintitrés pedazos y que nunca más los vas a juntar, no importa, porque diste, y amaste - y cuando esa persona se de cuenta, lo va a agradecer- porque es lindo amar, pero más lindo es sentirse amado - y uno tiene que tratar de transmitirle al otro las cosas lindas que están pasando -yo lo hice. a mi manera eh, con mis idas y vueltas, mis enojos y mis errores, mis lágrimas y mis caprichos -

pero así como amar está bien, dejar ir es fundamental - dejar ir es la prueba de amor que en este momento es la que a mi me toca.. dejar Ser.

y me duele en el alma, y me parte en veintitrés, sí -pero bueno viejo, cuando uno ama, uno respeta -

pero lo que no voy a tolerar nunca, pero nunca, aunque haya que aprender a tolerar a los demás, es la falta de Huevos -porque eso es lo que te impide Ser -entonces de nada vale el dejar ir si el otro no tiene los huevos para hacer lo que hay que hacer - y qué hay que hacer?

VIVIR! Y AMAR! hay que tener los huevos para quedarse con la persona que uno ama, y aprender a vivir con ella, si es lo que uno realmente quiere -hay que tener los huevos para decir hay que hacer lo que nos gusta, hay que estar con los que queremos, y hay que ponerle huevo a la vida.. sino terminamos siendo la pobre infeliz que no sabe hacer otra cosa que ser la tercera (y que seguramente eso es lo que va a seguir siendo toda su vida), el pobre pibe que no está con la persona que ama porque no es lo correcto, la pobre boluda que perdona y perdona y nunca se planta y dice Baaaaasta.. el pobre, pobrecito, que pone excusas para no abrirse, para no entregarse -el que dice que se va y sabe que no se va a ir, entonces se escuda..

y no te diste cuenta, y la vida se pasó -y no pusiste huevos.

por qué? PORQUE TE VIVIS QUEJANDO, POR ESO!!






qealgomejortieneqehaber


A Leandro Melo le gusta eso

Aquellos tiempos


"Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo" J.L.B.

El tiempo y yo no nos estamos llevando todo lo bien que quisiera.
Me parece que se burla de mí, cuando logro al fin reunirme con vos, y esos instantes pasan muy rápido. Tanto que una cena termina y casi no hemos saboreado el placer de una discusión, no llegamos a olisquear siquiera el aroma de un café compartido, no se pudo hacer la pantomima de "no se te ocurra pagar", que ya estamos despidiéndonos.

Y cada minuto de cada hora, se hace eterno, intentando la nueva manera de verte. Así, se pasa volando un recital porque mi lucidez se concentra en cómo contarte y dónde incluirte para la próxima, y las canciones que escucho con media oreja, se vuelan pensando si serán de tu agrado, o por el contrario, si no te va a gustar.
O buscar en las carteleras los shows a los que te invitaría, y que esa distancia entre el hoy y esos shows sea marcada como lo harían los presos.

La última vez que hablé con vos se transforma en importante para no vaciar el stock de paciencia, y entonces pienso cuál puede ser un buen momento para retomar la charla, aunque a mi ánimo le parece estar pagando una factura de movistar, claro y personal al mismo tiempo, en concepto de comunicación no efectuada, empezando desde que corto y corriendo hasta un tiempo que ya considero prudente (pero que es larguísimo).

No saber nada de vos estira mis días al límite de lo tolerable, y cuando ya me digo que está bien, que no es cuestión de producirme una úlcera de paciencia, busco tu respuesta en un mensaje, en el chat, en algún lado, para seguir tomando impulso, para seguir "manejando el tiempo".

Se ve que no se toma muy bien, el tiempo, que no le agradezca que siga corriendo, y que sólo piense que todo ese hueco que arranca bien temprano y termina allá a las perdidas, sea el tiempo de no verte, y que haga todo lo que sé y todo lo que se me ocurre para pasarlo, porque es sólo eso, el tiempo en que no estás.

Qué culpa tengo yo de que seis minutos de msn a la semana sean todo el tiempo que te tuve conmigo, y que claramente le ganan en intensidad a los 6 días 23 horas 54 minutos en los que quemé mi cerebro buscando cómo verte sin que me tengas que ver, tratando de que me escuches entre el ruido.

Se nota que a Cronos no le cae bien que sea tan injusto con la mayor parte de mi vida, y que sea tan descarado el favoritismo hacia el lado de la pizarra en que coloco el tiempo con vos, en desmedro de esa barrabrava de horas días meses años, que son el tiempo en que no estás, o, como yo lo llamo con todo el cariño que puedo, el tiempo para que estés.

Ya no le creo a la lógica, y tampoco a los relojes; pero sé que no soy un caso perdido. Conozco someramente a un ciego que considera el tiempo casi de la misma manera que yo lo siento; a ése, si lo vendiera, tal vez le compraría un rolex.


I don´t wanna rock, DJ...


Sentado en el borde de su cama, Kirk negaba una y otra vez con la cabeza, desmintiendo el aire. Resoplando a la nada. No entendía muchas de las cosas que habían pasado en esa casa la noche anterior. Creía recordar que en el deck que enfrentaba al mar, a una hora ya no reconocible pero entre las 2 y las 5, Patty se destacaba entre el coro de borrachas que intentaban atacar un tema de Gladys Knight and The Pimps, con una coreografía de dudoso gusto en la versión sobria y original, y directamente obscena y tóxica a esas horas. Patty no era de las más heridas por el vino, pues no era de su agrado, pero tampoco había llegado impoluta al karaoke fatal, y su voz hecha jirones devolvía a la pista la habitual falta de entusiasmo por todo lo que fuera juerga grupal, aunque era evidente que una fuerza extraña la obligaba a no soltar el micrófono, y a mover sus brazos como imitando el andar de una locomotora.

A la hora del baile, las parejas establecidas durante la fiesta intentaron disimular todo rastro de enajenación, algunos bailando con entusiasmo, otros, todo lo contrario (tal vez cada uno buscaba el opuesto de lo que el alcohol le dictaba); los amigos de Kirk no notaron su desaparición, y tampoco, a pesar del alivio que representaba la falta de cantantes, la de Paty, que buscaba frente al océano la compañía que no había encontrado, o que creía no merecer.

Como solía pasar, y ambos lo sabían, podía huir de todos menos de Kirk, y precisamente él la alcanzó esforzándose por caminar derecho, avanzar entre la arena, no desparramar la misma sobre el sweater de Emile (ese francés sabía comprar ropa, joder) y no sobresaltar el notablemente turbado talante de la morocha.
Ella lo vio llegar, le dijo que estaba bien, que no se preocupara en disimular que había corrido, que de todos modos se le notaba en las mejillas coloradas.

-No corrí, siempre me pongo colorado cuando te tengo cerca. O cuando tomo ese Cabernet que consigue Jacques en lo de su madre. ¿Cuál de las dos creés que tiene la culpa hoy?- le tiró el perseguidor, quien sabía que no podía evitar ponerse verborrágico en ninguno de los dos estados.

-Gracias por el saco- Patty lo miró y su sonrisa era de un hielo imposible en California y en verano.

No había sido una mala noche, farfulló Kirk tratando de no decirlo al aire, pero plenamente consciente de lo vano de su intento de controlar cualquier cosa. En medio de la charla, antes de la llegada de la barra de San Diego, Patty, a cuento de nada, lo miró un instante y le dijo "no puedo descifrarte", y a Kirk, que si algo no había sido nunca en todo el tiempo que perdió en tratar de conquistarla, fue enigmático o discreto, esa frase le descolocó. Creyó contar treinta posibles interpretaciones que se sucedieron como una catarata en su mente, pero decidió administrarlas para no sucumbir tan temprano.

Más tarde, ya con la fiesta en pleno auge, vio cómo comenzaba una guerra de comida y se apartó del grupo, creyendo que su nula intención de participar lo distinguiría ante los agresores (que se abstendrían de fastidiarlo) y ante la mujer de sus sueños (que miraba absorta al bando más cercano a su mesa y se cubría estratégicamente del contrario); nada de eso, claro está, sucedió como Kirk lo craneó, más bien todo al revés.

En todo eso pensaba cuando una ráfaga de viento llevó a sus fosas nasales el cabello de Patty y ese ramalazo de vigor lo trajo de nuevo al lugar que había buscado, a la oportunidad que veía en sueños cada vez que buscaba las estrellas desde la reposera del deck. Compartir un minuto de soledad con ella, parecía pagar todo el resto de sus días. Vivir una cena con ella, le alcanzaría para no sentir esa sed de beberla a sorbos cortos. Ver su sonrisa le permitiría renunciar a la luz solar del verano de California, y de los inviernos de París, de los otoños de Japón y de las primaveras de Praga. Pero sabía que todo eso era un engaño, una treta vil que alguien se empeñaba en fabricar en su cabeza, de tal modo que eso que tanto ansiaba, duraba menos que el tiempo que tardaba en darse cuenta de que le estaba sucediendo.
Y estaba pasando otra vez.

De modo que le dio el sweater, le pidió ayuda para levantarse de la arena, y cuando Patty le dio la mano, sintió un peso y una suavidad que reconoció enseguida: Cadbury de yogur y frutillas. Esos ojos marrones brillaron más que la luna sobre el Pacífico, y Kirk recibió una orden que, sabía, necesariamente no acataría:
-No me malcríes...

Por qué Patty no podía dejarse querer; dónde y quiénes la habían obligado a desconfiar de todos; cómo podría hacer para demostrarle que lo mejor que les podría pasar a ambos era que, mientras Patty intentara descifrarlo, él se sintiera vivo y realizado complaciéndola; pero sobre todo, de qué manera acabó toda esa gente tirada en el deck, dormidos cual lagartos, como si de un video de Robbie Williams se tratase, eran algunas de las tantas cosas que Kirk, definitivamente, esa mañana, no entendería.


martes, 21 de septiembre de 2010

Y yo me digo "ya llegó la primavera."

Siempre pensé que me gustaría mucho pasar más tiempo en Uruguay, cosa que pude comprobar el verano pasado. Supongo que febrero de 2011 me verá más cerca de Botnia que de Papel Prensa, pero no quiero irme de tema; dado que hoy comienza la primavera, y que este mismo día cumple los años un gran cantante de nuestro vecino país, aprovecho para juntar ambas cosas. Debajo, la letra de la canción.



Mirando desde mi balcón, las transeúntes,
Haciendo de cuenta que estoy tomando apuntes,
Y ella busca algo en su cartera.
Y yo me digo ya llegó la primavera.
Y la maceta enfrente se llenó de brotes,
Y allá abajo el barrio se llenó de escotes,
Y la tarde se escapa verso adentro,
Y yo sigo buscando sin encontrar mi centro.
Y pongo ladrillo sobre ladrillo,
Y sigo sin dar con el estribillo.

Y entonces me pregunto
¿Qué es lo que viste en mi?
¿Qué es lo que te hizo abrir así
Tus miedos, tus piernas, tu calendario,
Las siete puertas sagradas de tu santuario,
La extraña luz de tu cámara oscura,
El infranqueable cerrojo de tu armadura?

Las transeúntes se han organizado,
Tienen el deambular sincronizado,
Y van haciendo su coreografía,
Con las rodillas del color de la alegría.
Cada farola tiene ya su bailarina,
Y la banda viene entrando por la esquina.

Y la tarde enseña la cintura,
Y el tiempo enseña que hay cosas que no se curan.
Y las musas huyen si las asedias,
Y otra canción que va a quedar a medias.

Y entonces me pregunto
¿Qué es lo que viste en mi?
¿Qué es lo que te hizo abrir así
Tus miedos, tus piernas, tu calendario,
Las siete puertas sagradas de tu santuario,
La extraña luz de tu cámara oscura,
El infranqueable cerrojo de tu armadura?

Y, de paso, vemos cómo un tipo en apariencia desapasionado, muestra el orgullo por su celeste. Merecía entrar...


Feliz primavera. Feilz cumpleños, dr. Drexler...

viernes, 27 de agosto de 2010

Y el reloj, en tu puño marcó...

No, si la verdad es que después de arrancar la mañana pidiendo a treinta (29 en realidad, el número era estimativo pero ya me hinché las pelotas) educandos, el futuro del país, la luz que nos guiará a un futuro mejor, que saquen de lo profundo de sus mochilas una fotocopia que les dejara el viernes pasado, de UNA hoja, y que de los 29 sólo 4 la tengan;

Después de saber que el martes próximo elegiremos al Maestro del Año, para que alguien se gane una notebook y salude al gobierno nacional y popular de Vicente Barrio, se saque la foto y cantemos Gloria y Loor, al padre del aula, la Sarmiento inmortal;

Después de desayunar con un café Dolca porque se acabó el de cafetera, y de que durante la mañana y la tarde me llamen pidiendo por favor que no aparezca a reuniones que pedí porque me pidieron que las pida, y que nadie llame a quien tenían que llamar, léase a quien nos quiere sacar de su local;

Después de recorrer todo el Carrefour buscando una cortina de baño para poder cambiar ese pedazo todo roto y enmohecido y no encontrarlo hasta casi irme, de gastar casi 200 pesos en tres bolsas de NADA, y de darme cuenta que el 20% de ese gasto va a parar a mi cabeza, donde no hay tanto cabello que justifique semejante erogación, y también de revisar que de mis últimas 3 compras en el súper, el 90% de los importes fueron comprando escabio;

Después de recorrer un Shopping y recibir una inyección de realidad, que consistió en ver que las llamadas liquidaciones son 4 ó 5 productos con precios inflados y rebajados casi en idéntica proporción, y además a precios inaccesibles para alguien con un trabajo honesto;

Después de caer en la consideración de que me faltan millones de libros por leer, pero ni aún en los más premiados y renombrados y muertos y hábilmente inflados novelistas de Alfaguara y Tusquets encontré una puta historia que me atrapase como para siquiera poner bajo la lectora el código de barras como para evaluar la compra;
Después de malinterpretar la pregunta de un cachivache con los pelos de Lion-O y los modales de Gatúbela, y recibir un “lavado de cabeza” que se excedió en cuidados y atenciones demasiado cerca de mis orejas y mi nuca, if you mean what I say, por lo que estuve a punto de perder mis escasos rasgos de urbanidad y acometer a mamporros al impresentable de marras, y superado este lapso harto desagradable, comprobar que, por más milagros que haga el gay de pelo de indio y sus tijeras de desmecha, lo que Natura non da Capilatis non presta;

Después de comer a las apuradas unas empanadas y tratar de bajarlas con un resto de Coca-Cola del lunes y que, efectivamente, no alcance, y de caer en el detalle de que no había guardado en la heladera los porrones de Zillertal que como un opa compré en la línea de cajas del súper;

Después de intentar entrar el coche y no poder abrir la maltratada puerta del garage, que como es compartido, exime a todos de responder por cualquier desgracias (y ni hablar de si, realmente, nadie tuvo nada que ver y fuimos víctimas de una tentativa de robo), y da derecho a los consultados de sentirse atacados mientras el único que se jode es uno;

Después de todo eso, decía, lo único que me falta es no poderme dormir, que a las 7 hay que arrancar.



Son las 3.

martes, 17 de agosto de 2010

Letras vivas


Un domingo con fútbol para todos, pero que para él estaba vedado (le habían cortado la luz al siempre postergado Lado Sur de su ciudad), se encontró con la necesidad de hacer algo para matar el tiempo mientras volvía la posibilidad de mirar los partidos -no porque no tuviera nada que hacer, sino porque no quería hacer todo eso...-, y se puso a ordenar todas las porquerías que tenía desperdigadas en la biblioteca: llaves que no abrían ninguna puerta y que estaban ahí hace siglos, impuestos pagos y de los otros, CDs en blanco, etc. Y entre todos los papeles que vio, encontró un sobre blanco, de una carta que se entrega en mano (es decir, sin estampillas), con su nombre puesto en una letra que conocía pero no podía identificar. Así que lo tomó, y extrajo del sobre dos hojas de cuaderno, y se apresuró a ver quién había firmado la carta.

Era de un viejo amor, y sacando cuentas, por el tono y el contenido de la misiva, dedujo que la misma estaba escrita hacía al menos ocho años. Notablemente sorprendido, no sólo por el hallazgo sino también por las elogiosas palabras de cierre (todo lo que contenía la segunda hoja), se decidió a leerla. No era algo que realizara frecuentemente, esto de rememorar cosas de historias pasadas, y se adentró en la carta tratando de recordar en qué momento de su relación se había dado esa situación que llevó a su ex a escribirle semejantes glosas de agradecimiento y de declarado amor.

Y una nueva sorpresa lo invadió: él, que ya no se creía capaz de despertar esa clase de sentimientos, al men os supo que efectivamente sí lo pudo hacer años a. Se lamentó de haber tirado a la basura tantas otras lineas, con ese u otros tonos, de esa persona y de otras a las que también había amado y lo habían amado. Luego de eso, no soportó la tentación de releer todas las cartas que sí había guardado, en su mayoría de su última novia, en las que encontró eso que tanto dudaba de alguna vez tener: la pasión que despertó en la vida de alguien.

Porque, justo es reconocerlo, no todas eran palabras elogiosas, lisonjeras, ni dulces recuerdos de una tarde a la orilla del río: había furiosas diatribas a su falta de carácter, intentos vanos de una reacción que no fue, él, capaz de tener, transcripciones directas de sus miedos y fobias, y de los miedos y fobias que él les despertaba a sus parejas, pero todo eso, junto con las otras, más agradables de leer y recordar, eran, en definitiva, un mosaico de pasiones que, tal vez a pesar suyo, logró insuflar en las personas que lo eligieron, y que por él fueron elegidas, para compartir algún momento, largo o muy corto, feliz o inmensamente traumático, pero por ello intensamente vivo, de su existencia.

Así que se decidió, luego de remover esos sedimentos de tanta vida pasada, intentar la multiplicación de esos correos, la proliferación de esos escritos que desenmascaren sentimientos, que realcen el valor de la palabra, que aviven el fuego interno de esa, su vida, que tan en stand by estaba. Porque la vida es fácil para los que no la viven, para los que la ven pasar.

jueves, 29 de julio de 2010

Segundas partes nunca fueron...


Muchas veces uno toma libros, baja discos de la web, mira un cuadro en alguna revista, y en una primera lectura de cada uno de ellos, realiza un juicio crítico que, en la mayoría de los casos, no se revierte. Dios (o Bill Gates, lo mismo da) sabe cuántos millones de álbumes de gente que se esfuerza grabándolos, y tanta otra que se encarga de piratearlos y subirlos a la web, se escuchan una vez y, esperando tal vez más golpe a los sentidos, una mayor demostración del potencial del artista o bien, debido a un estado de ánimo que ningún tipo de canciones podría cautivar en ese momento, los usuarios lo borran de sus rígidos tan rápido y con los mismos escrúpulos que como les llegaron.

Si bien con la palabra escrita es un poco distinto, ya que aún leer en la pantalla nos resulta un poco incómodo, los libros sufren otro tanto en lo concerniente a la falta de oportunidades, sumándole además una gran desventaja: hoy, leer libros está mal. No quiero detenerme en ese punto, porque lo creo innecesario (no van a encontrar a nadie que les diga que llegó a lo más alto en cada profesión a la que se apunte, sin leer un solo volumen de nada), pero sí en el hecho de que, por ejemplo, ya debemos superar el escollo de las quinientas páginas de un libro de extensión media, para saber el final. Una vez que decidimos, porque la historia nos atrapó o bien porque no somos de los que abandonan la lucha una vez empezada, llegar a la última página, ahí termina la historia, ahora sí sabemos qué pasó. Y ya, se acabó. Muy posiblemente nunca más volvamos a tocar ese ejemplar, porque "ya lo leí, hace un tiempo, y ya sé de qué la va".

A no confundirse: no los acuso, a mí me pasa todo el tiempo. Y es por eso que me senté a contarles que NO ES ASÍ. He tenido miles de oportunidades de releer textos, por obligación o por simple gusto, y no me ha pasado con todos, pero sí con tantos como para que valga la pena expresarlo: volver a meterse en ese micromundo, desde otra posición, nos transforma, casi siempre y casi en su totalidad, la idea primigenia que teníamos del libro en cuestión.

Ejemplo concreto: hace muchos años, leí un libro que trataba de dos viejos que en el final de su vida, se reencontraban; habían tenido algo en su adolescencia, y él nunca había podido olvidarla, y pasó su vida intentando lograr algo de ella. La dama lo había rechazado, se casó, enviudó, y empezó a disfrutar de la compañía de su enamorado eterno, hasta hacérsele imprescindible en su tramo final. Una historia, pensé y dije infinidad de veces, que no debiera ocuparle ni el 20% de las hojas que usó. Una historia "chiquita", decía yo.

Ayer acabé de releer, en 48 horas, toda la historia de nuevo. Y debo decir dos cosas: la primera, que no va a alcanzarme la vida para pedirle perdón a Gabo por la osadía, la temeridad, la soberbia y la ignorancia con que tan libertina y abiertamente rebuznaba la grandilocuencia y el despilfarro en su historia. La segunda, es que la historia me parecía chiquita, porque mi historia de vida, también lo era; y creo que a medida que esta segunda avance hacia lo inexorable, el libro me parecerá cada vez más grande, y le sobrarán cada vez menos palabras.

No lo abandones, él nunca lo haría.

-Código amarillo, Manuela Maisón 5657.
-Copiado, ya en camino.

La dirección les resultaba familiar a Diego y a Hugo; ya habían ido unas cuantas veces este mes, e Irene los atendía como podía, con su enfermedad y su pobreza a cuestas. Entraron en la calle de zanjas, que ya no podía se denominada "calle de tierra", con mucha precaución para no encajarse con la ambulancia, como ya había pasado en junio, cuando el barro hizo imposible el acceso y caminaron los doscientos metros desde el asfalto a la casa de la afectada, sabiendo que Beto no dejaría de ladrar hasta que los médicos no atendiesen a su dueña.

Una vez en la casilla, el ovejero alemán, con ojos tristes de perro viejo, miraba a la mujer con la que vivía desde aquella tarde en que un Renault 12 no pudo frenar y le rompió la pata; ella lo levantó, lo llevó a su hogar (no éste, el que habitaba con su familia), lo curó como pudo y lo mantuvo a su lado aún en las peores circunstancias (viudez, abandono, y todo lo que trae ser pobre en el tercer cordón del conurbano). Irene les explicó lo mejor que pudo, con sus pulmoes arruinados por una neumonía que se resistía a tratar para no perder sus trabajos en las casas que limpiaba, los nuevos síntomas y las indicaciones que le habían dado en la clínica, las que siguió y también las que no siguió. Los de la emergencia le ordenaron reposo, y que consiguiera, cuando se le acabaran los que le estaban dejando de muestra gratis, los remedios que le recetaba el doctor.

Dos semanas más tarde, el llamado volvió a ser motivo de visita de los empleados de la emergencia, quienes ya habían notado que Beto oficiaba de portero y de maestro de ceremonias de una reunión que distaba de ser placentera, pero no se despegaba ni de Irene ni de los médicos, hasta no ver en su ama algún gesto de tranquilidad. Y esta vez, este gesto no llegó, ya que el estado general de la señora empeoraba, así que fue necesario llevarla a la clínica (en un arresto de lucidez, uno de los patrones le costeaba el servicio que incluía no dejarla morir en el hospital, para mandarla a sufrir lo indecible en la única y decadente clínica privada del centro del partido) e internarla para estabilizarla. Beto seguía todos los movimientos con cierta calma. Pero sus ojos transmitían mucho más. Cuando la ambulancia llegó a la clínica, Gastón se asombró:
-Che, Hugo, ¿ese no es el perro de la enferma?

Hugo no lo podía creer, y tampoco lo podía negar: Beto los había seguido, tan rápido como le dieron las piernes, tan agitado como su corazón, y montaba guardia frente a la entrada de ambulancias de la clínica, que estaba a la vuelta, al lado del acceso a las oficinas de la empresa de emergencias. Allí se quedó los cuatro días que Irene estuvo internada, escrutando a cada uno de los médicos, camilleros, enfermeros, que veía entrar y salir, con esos ojos que no podían sino mostrar el alma en un hilo que ese animal tenía, el miedo a quedarse solo, la imposibilidad de hacerse entender para que alguien lo tranquilice. Al cabo, era lo más cercano y parecido a un familiar, que ambos tenían.

El último frío de agosto fue, también, el del último llamado. Ya era inaudible la voz de Irene, el sonido como de papel estrujado cada vez que intentaba respirar llenaba el caudal que atravesó la línea telefónica, y el código subió un color, al rojo furioso que indicaba la proximidad de un desenlace fatal. El perro lo sabía, y no dejó de ladrar severa y copiosamente hasta que Hugo y el médico lograron derribar la puerta y subirla a la ambulancia. Mientras el médico y el enfermero trataban de estabilizarla con la máscara de oxígeno, el conductor vio por el espejo retrovisor el galope desesperado de Beto, tratando de alcanzar el móvil 3, que ya estaba por entrar a la clínica.

Tras doce días de agonía, el corazón de Irene se cansó de preguntar en silencio por Beto, y afectado por unos pulmones que ya se declararon en huelga de aire, dejó de latir. El animal, desde el momento en que llegó a la clínica, no se movió, esperando noticias de su ama, y Hugo se autoasignó la tarea de mantenerlo alimentado mientras durara la estancia de Irene. Cuando ésta renunció a la vida, no tuvo el coraje para mirar a los ojos a ese perro que nunca abandonó la puerta de la emergencia, esperando ver salir de nuevo a la que le había salvado la pierna y las ganas de seguir andando. Hasta que por fin, Un día de lluvia luego de tres del suceso funesto, Beto lo miró, Hugo soltó una lágrima que no llegó a frenar, y el perro pareció entender.

Hace cuatro años que Beto monta guardia esperando ver salir a Irene, y nunca se movió de la puerta de la emergencia. Aún los nuevos médicos y los enfermeros que entraron después de ocurrida esta historia, lo conocen como "el perro de la Eme"; si entendiera, creo que se enojaría. Beto ya tiene una dueña.



miércoles, 28 de julio de 2010

In words of the philosopher Jagger...



Mientras cargo en otro lugar con uifi, porque este donde estoy va patrás, les dejo este video con los 2 culpables de que hoy escuche a sus majestades satánicas: Dr House y este tema.

Salud.


Qué lindo que es estar en Mar del Plata...


Había planeado todo. Gracias a la ayuda de una compañera, averiguó la dirección del hotel donde iba a hospedarse la delegación, que incluía a ambas, su amiga y su objetivo. Le contó a su padre, menos por dejarlo tranquilo avisándole de su escapda (que no era la primera, ya conocía los bailes en Luján y los inicios en el amor físico que había realizado con el mismo modus operandii, aunque a éstas las avisó después de hechas) que para manguearle las llaves del derpa en San Bernardo, desde el cual tenía pensado ir y venir hasta la Feliz, estableciendo en su habitual lugar de veraneo su central de operaciones.

Al final, por varias razones, la económica en primer término -la dificultad de ocultar la movida a su madre durante más de un fin de semana era el segundo y más temido-, decidió reducir la excursión de reconquista a una salida el sábado por la mañana, y luego ver qué pasa. Así que salió en bondi hasta Moreno, luego el 52 hasta once, y de ahí subte y combinación a la estación Constitución, para colgarse del tren que pocos años atrás se publicitó como el que llegaría a Mar del Plata en 4 horas, y que él sabía por comprobación empírica que a Pinamar, destino anterior, no tardaba menos de seis.

Para sobrellevar este trámite, cargó en su mochila 4 ó 5 cassettes (antes del mp3 y todo eso, existían estos métodos arcaicos de música portable) de lo mejorcito que estaba escuchando por esas épocas, incluyendo el concierto grabado en un cromo directo de la Rock & Pop, de Page y Plant, y El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez, que Mariana le había prestado, con la intención de que él no se quedara con la idea de que Gabo sólo hacía cosas como éstas. Devoró el libro, porque entre todas las cosas que maquinó para este Camel Trophy de la candidez adolescente, no tuvo en cuenta comprar pilas para el walkman, que enmudeció a la altura de Temperley.

Casi llegando a destino, se congratuló por su decisión de llevar el libro, que lo puso a prueba; "cómo una historia tan chiquita", se decía, "que cualquier tipo con ganas de escribir, la hubiese desarrollado en cien páginas, este colombiano la pone en quinientas", y cosas así, de las cuales, seguramente, tendría tiempo de arrepentirse. En esas conjeturas estaba cuando vio los andenes de la estación, y comenzó a caminar hacia el Hotel Corcel, guiado por las indicaciones de los quiosqueros.

Llegó a la termninal de micros, que estaba pegada al hotel, arrepentido de su arrebato. Si hubiera pensado un poco mejor la situación, si hubiera investigado un poco la ciudad antes de viajar, no habría viajado en tren, por obvias razones. Se consoló pensando que una profundización de las previsiones era una posibilidad segura de que alguien descubriese sus planes, y esta improbable hipótesis, con todo lo agarrada de los pelos que parecía, lo conformó. Se acercó al puesto de Havanna que se encontraba en uno de los locales del edificio siempre rebosante de gente con bolsos, y compró media docena de alfajores de chocolate, porque sabía que a ella le gustaban el chocolate y el dulce de leche, y que estos productos traían ambos, y del mejor, y ahora sí, al hotel.

La delegación de Hockey, de la que ella era integrante, había salido el día anterior, llegando a Mardel por la madrugada, con lo cual, a las siete de la tarde del sábado, recién estaban en los preparativos para salir a comer todas juntas, luego de acomodarse en las piezas y dormir la siesta. El lobby era un racimo de quinotos, tal era el color de los conjuntos que les habían provisto. La número cinco, que además de jugadora era amiga, y conocía a ambos, a él y a su obsesión, cuando lo vio en el hotel, no pudo evitar darse vuelta, con una cara que variaba entre varios gestos de desagrado, sorpresa y preocupación, que se resumen en un "ah, bueeeno!!!", sentidísimo. O sea que no contaba con ella para conseguir el tan ansiado contacto con su perseguida. Luego de hablar con su amiga, la que le había pasado los datos del hotel, le arrancó el dato del número de pieza, la llamó por el conserje y la entrevista se concertó.

-¿A qué viniste?

Ante la pregunta, que tenía iguales dosis de sorpresa, curiosidad, indignación y hastío, no supo qué responder. Se dio cuenta de que, tal vez, el hecho de olvidarse las pilas para el walkman no era lo más importante que no había pensado, ya que se encontró sin nada para decir. Es cierto que su intención era que una acción como la que él había encarado, la de cruzar las rutas argentinas sólo para verla, la conmoviese, pero también sabía de su carácter y su orgullo, y eso transformaba su iniciativa en, al menos, una ingenuidad manifiesta. De modo que, como pudo, con los restos de su cerebro ya freído y de su ánimo nada festivo, rescató de su mochila la bolsita con los Havanna.

-A traerte esto.

Y salió, con la satisfacción del deber cumplido, pero con la impresión de que el mensajero, sin esquela que traer, sin recado que dejar, sin noticias del frente de batalla, se había comprado una gran cantidad de números de esa rifa en la que se sorteaba su muerte. Paró en la peatonal, comió sin ganas, y enganchó un tren que salía hacia Constitución. Cuando abrió los ojos, el vagón estaba casi vacío, y fue víctima de un entusiasmo digno de mejor causa cuando vio que en el asiento de enfrente suyo, había monedas tiradas en la cuerina del mismo. Le alcanzaron para tomarse un taxi hasta Once.


viernes, 16 de julio de 2010

Lo mejor de la TV, son los comerciales

A tono con el título del post, quiero mostrarles lo que, salvo honrosas excepciones y el Fútbol para Todos, me hace prender la tele.
Estos animales tienen todo lo necesario para ser considerados lo más valioso de la TV.

Mientras generamos cosas propias, les dejo estos detalles.

Salud.